jueves, 3 de noviembre de 2011

memoria rota II


Uno estaba perdido en medio de su propio relámpago... y aparecí yo.
Ambos nos mordimos en una lucha bella y lejana. Como trofeos, ostento una galaxia de brillantes cicatrices, que duelen de vez en cuando en las capas más profundas de la piel. Miro hacia atrás y nos veo conversando con la misma pasión con que nos arrancábamos la ropa. La vestimenta real era de palabras y de ideas, construíamos y destruíamos mundos completos... era la maravilla de descubrirse desvirgada en un hostal mientras me comía una naranja para no gritar. Era la maravilla de los paseos infinitos por la orilla de la playa, o mirando por la ventanita del baño de ese departamento. Ahí estudiabas arquitortura, me decías que la bauhaus y que Apolonio y qué calzoncitos más lindos, ponte otros aún más lindos, y que LeCorbusier y Foucault porque no podemos olvidar que el poder es todo en las relaciones y más cuando eres mi perrita intelectual y te muerdo y te hago daño y te muerdo pero te amo tan dolorosamente, es que soy así, doloroso y enfermo, forrado en plata ahora porque te cambiaste de equipo y te dio por ser ingeniero comercial.
Hasta ahí llegué con la jaula de oro que me propusiste, lindo, un tecnócrata jamás podrá amar otra cosa que no sea a sí mismo-con-otro(s). Ambos estamos más locos que cabra de cerro, te lo diría en la cara ahora, con mi nueva capacidad de encontrar la chuchada perfecta, pero diferimos en que yo persistí en el otium de la poesía y tú te fuiste al negotium...Eras el rayo, el relámpago, el amor perfecto que no existe y se derrumbó después de tantos años de lucha.
Te dejé el anillo en la mano.
Pero nunca pude olvidar con él el sino de lo inevitable. Por eso mismo no uso anillos, ni aros, ni nada que pueda significar siquiera algo frívolo. No conservo tu amor por el hard porno, tampoco. Sí robé tu meticulosidad al dibujar o cuando de elaborar una obra intelectual, amatoria o artística se trataba. Nos robamos el alma mutuamente...
Pero tú a tu vida, y yo a la mía.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Memoria rota


Hay ciertas cosas de un amor que perdí que sigo manteniendo, para no perderlo del todo. Ya su cara se me hace borrosa, su amplia sonrisa es apenas una visión entre cortinas espesas. Me quedan sus ojos de gato en diferentes escenas cortadas, pequeñas fotografías puestas en stop motion, para variar el asunto del flash black y toda esa mierda cinematográfica.  La realidad cerebral suele ser más triste de lo que uno quisiera cuando se trata de la memoria, quizás es porque ya no queremos dolernos más y la mente va estratificando los recuerdos, hundiéndolos en el barro del inconsciente para que aparezcan de súbito en un sueño, o en el arrebato de seguir con la mirada una forma de caminar mientras otras escenas más en stop motion se sobreponen porque pudo haber sido y no. Y no, niña, no.
Ahora escucho Nocturnos de Chopin. Nunca le gustaron del todo. Pero sí me hace recordar la tibieza de un departamento lleno de sol, la radio Beethoven puesta al máximo al medio día. Ella cortaba la cebolla y los zapallos italianos con un cuchillo pequeño que él había comprado especialmente para que no se cortara. Él lavaba los platos, ella pasaba por detrás abrazándolo y oliéndolo rápidamente. Había que barrer y qué mejor que hacerlo sin zapatos escuchando a Congreso mientras él tocaba su instrumento con el computador prendido para grabar lo ejecutado, siempre volados. Siempre. De eso no había ni que preguntar. Por eso sigo fumando marihuana, en honor a ti, al viejo de la feria que te vendía los pitos, a la cola que hacía para comprar dulces en la amasandería a la hora del té, al tipo que se iba corriendo a comprar la cerveza en las mañanas apenas conseguía las monedas, al car’e guagua, al negro del almacén, a la vieja del otro almacén, a Puccini (el poodle), la Gorda, Cincuentón y familia (todos perros); a las canchas tierrosas de futbol dominguero donde también los pitos, al infierno de subirse los 4 pisos con muchas bolsas si íbamos al super, a quitarnos la ropa y tranquilamente hacer el amor en mi sillón verde (siempre será mío) como si hubiera tiempo para todo. Todo lo que acabo de enumerar no existe. Es parte de una realidad equívoca, porque fue –efectivamente-, pero es la óptica que le han dado los años. Como la noche azul, ésa que sabes. 

viernes, 30 de septiembre de 2011

Fotografía en sobreexposición

Cuando la Greta dijo "I want to be let alone" fue una declaración de principios. La voz popular quedó con la Margarita Gautier moderna, exclamando con patetismo ahogado "I want to be alone", sin embargo, las sutilezas acompañan los pequeños actos que hacemos con nuestros decires, aun más que con nuestros haceres. 

No es lo mismo querer estar sola a desear la ausencia de otros alrededor.
Sutilezas.
La soledad como opción de vida o la soledad como un escupitajo al otro, que es un mero objeto, cuerpitos móviles y sin gracia que bailan donde calienta el sol. Margarita Gautier no tiene mucho que ver con gargajos, "Déjenme sola", para el puto hueveo, en definidas cuentas. Y es un decirse a sí misma y es un círculo de ausencia dirigido, elegido -sea para el momento, sea para siempre- y con potencial asesino. 
Es como cuando sacan las fotos con demasiada luz, y todos quedan mirando pelotitas inexistentes, mientras el rollo de la antigua máquina se hiere y con suerte aparece la comisura de una boca fantasmal, una copa, el ruedo de un mantel.
Ahora mismo saco mi vieja cámara y multiplico mis posibilidades de ausencia. 
Y lo disfruto, lo disfruto, lo disfruto.

lunes, 12 de septiembre de 2011

A esto que está dentro...

Me cago en la cruz que forma tu ropa, tu cuerpo jamás visto, arropando el silencio de tu piel (siempre) paradojalmente azul en mis sueños.
Te he soñado desde que tengo memoria, individuogenéricopalpitante: Así, toda la humanidad disuelta en tu pelo, así, así... reconozco uno de tus fragmentos en un recorte, en un par de letras que pasaron por la retina gracias al robo matutino de información desde el hombro de uno que sí compró el diario, así, sí, sí, así, así mismo, así como en el salto que eternamente estoy dando por la ventana y que jamás ocurre, en la sombra que este hecho proyecta, sí, sí, sí, sí, así, en los ojos de una niña, en el aroma de todos los hombres que han estado entre mis piernas, en la mente de Nabokov, claro está. Y un poco en Kafka. No menciono a De Sade, pero sí a Bataille, porque todo es erotismo en no saberte nunca.
Por eso. Porque me amo demasiado, me despojo de ti y vestiré a otros con tu tristeza y tu pijama, me cago en la cruz que forma tu nombre, la cruz del cruce de piernas de tus padres cuando no te gestaron, la cruz, el crossing over...
Así que ya sabrás qué hacerle a esto que está dentro, pues resides tú allí también.

sábado, 27 de agosto de 2011

Pesadilla.

Una es un viejo edificio, una construcción en proceso de deconstrucción por el paso de los años y el exceso de café, puchos y papeles en desorden.
Una pirámide de papeles en desorden es un peligro en estos días... con el viento, el orden del relato se altera y pierdo confiabilidad como estructura, pierdo la conciencia celular de mis papeles y los personajes desaparecen, cambian su curso, quedan sus cuerpos a la mitad y yo misma como personaje, como papel dentro de la estructura doy giros erráticos en el acontecer caótico de una pirámide.
Una se lamenta de las consecuencias.



Me lamento y no sirve de nada.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Ética y estética del Lobo.

Para el Lobo, cualquier fémina o varón es un potencial objetivo...no digo target para no ser snob, sin embargo, el lobo-snob aprecia más una palabra gringa y una copa de buen vino al son de una música chill-out. En la manada hay de todo, porque -y este es el secreto- la manada es la humanidad entera. Todos, todos, amigo, somos lobos potenciales como todos potenciales presas (independiente de que el Lobo es un sibarita por definición). Sí...
La vida se divide entre los que huyen y los que muerden, lo único que ha variado es la vestimenta de la cultura que embellece la cruel mordida y disfraza la huida como quien disfraza un muñeco mal vestido. Y allí el Lobo copula con las grietas del sistema, pero no lo malentiendan. Un Lobo -cualquiera- es, ante todo, un solitario, no un psicópata.
El problema comienza cuando la víctima no quiere dejar de ser arrollada por la belleza salvaje del coito, entra en el bosque o en las estepas y se empecina en buscarlo como si no, como si fuera cogiendo fresas o calmanso su ansia dejando miguitas de pan. Allí aparecen las Caperucitas (entendidas como un objeto de deseo masculino o femenino), perversas de cartón las malditas.
Ausentes y sin cara para el Lobo.
Todas las Caperucitas son LA (esa única) Caperucita... siempre es la misma, siempre es uno el potencial objetivo porque el Lobo mata eternamente para no ser asesinado, no vaya a ser que la nena saque la manzanita envenenada  y domestique al lobo como perrito faldero.
Allì hay múltiples caminos, múltiples bifurcaciones Borgianas:
- El Lobo huye a las estepas y caperucita llora, se mata, vomita sapos, se deshace en su rol y cae en el abismo del recuerdo y lo incomprensible de la ausencia.
-Caperucita huye del Lobo, y comienza el hambre voraz en tanto que la nínfula corre y se esconde por el bosque dejando miguitas que enloquecen de erotismo doloroso al Lobo. El dolor, en el ser monstruoso, es una constante. En el Canis Lupus, también. Nunca la presa es la que busca, y en venganza  se come la carne y bota los huesos.
- El Lobo ataca y Caperucita se deja morder, se deja y abre las piernas, sangrando abajo y arriba. Una gacela aparece en la lejanía. El Lobo corre por la nueva presa, dejando la capucha roja enrojecida y agonizante. Nadie podrìa juzgarlo, la naturaleza no es juzgable en el tótem de la animalidad.
- Caperucita ataca. Siempre que ocurre, el Lobo muere. Se destruye. El caos invade el bosque y el Lobo, malherido, se instala en una cueva a morir.

Sólo en ese instante, cariño-no, llega la loba a lamer tus heridas, a cubrir tu frío, a que no te me mueras, porque la loba sin el lobo, también se muere. Y todo es aullido en la noche de los licántropos, se huelen, se rozan, se tocan para olvidar el vacío.
La Loba huye, como es natural.
El lobo vuelve a las estepas.

¿Quién podría decir que eso no es amor?

viernes, 29 de julio de 2011

Melodía pegoteada

Y es que no me puedo sacar de mi walkman mental el estribillo de una canción de café tacuba, y el disco al parecer se rayó y nada puedo hacer para que la musiquilla infernal salga de una vez por mi oído izquierdo, como cuando era niña y me quedaba agua dentro y mi madre me decía que tenía que saltar en un pie para que saliera el exceso de agua...gira y da vueltas y rueda girando, gira y da vueltas y rueda y rueda...
Gira, gira, gira qué. Gira quiénes, no quiero pensar que somos constelaciones dentro de las constelaciones ni sistemas solares dentro de otros sistemas solares más pequeños hasta llegar a los átomos y más allá. La vida me rompió el sueño de ser mayor, rompió el papelito, lo embarró con la zapatilla y después le echó un gargajo. Claro, como para que no me olvide que las cosas en realidad sí están predestinadas y dejes esas ideas de que el azar rige. Hasta el caos tiene su orden, pequeña, me susurra, el sombrerero. Y la liebre de Marzo se sonríe sin entender una sola palabra, porque sólo entiende aquello que quiere entender.
Y hay una mujer. Y hay un hombre. Y una casa antigua, exigua de hogar. Es lo que te tocó, nena, sigue jugando, que el póker es rápido, toma la decisión antes de pensarla y recuerda que es como en el ajedrez, cuando ya estés en la jugada 15 y tu contrincante apenas en la 5, te puedes dar por salvada.
Te puedes morir tranquila.
No.
No puedo morir. Hay una situación que me lo impide -independiente del instinto de conservación que ya perdí y volvi a ganar- : siento que algo todavía no está listo, que algo se prepara...que algo viene, y me da miedo y una lujuriosa curiosidad por saber qué diablos es.