domingo, 30 de marzo de 2014

Me vi descubierta en este poema...qué terrible...


“Parábola de la inconstante”


Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:

Si yo soy lo que soy

y dejo que en mi cuerpo, que en mis años

suceda ese proceso

que la semilla le permite al árbol

y la piedra a la estatua, seré la plenitud.


Y acaso era verdad. Una verdad.


Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra

a asirme a una pared como el enamorado

se ase del otro con sus juramentos.


Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida

en solidez de roble,

la rumorosa soledad, la sombra

hospitalaria y daba al caminante

-a su cuchillo agudo de memoria-

el testimonio fiel de mi corteza.


Mi actitud era a veces el reposo

y otras el arrebato,

la gracia o el furor, siempre los dos contrarios

prontos a aniquilarse

y a emerger de las ruinas del vencido.


Cada hora suplantaba a alguno; cada hora

me iba de algún mesón desmantelado

en el que no encontré ni una mala bujía

y en el que no me fue posible dejar nada.


Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos

para arrojar después, lejos de mi, el despojo.


Heme aquí, ya al final, y todavía

no sé qué cara le daré a la muerte.


Rosario Castellanos

jueves, 13 de febrero de 2014

Respuesta a Shaerezade.

Mañana se ha vuelto hoy y tus palabras han remecido mi íntima naturaleza de humano abandonado.
Los sabios acuden a mí mostrando astrolabios, artefactos de guerra, papiros sagrados, constelaciones y fantasmagorías que sólo anuncian la fatalidad de la especie, adorada. El sentido se pierde, tú sabes, en mis habitaciones, que son mi cárcel, que son mi paraíso, que son mi carne y el infortunio de tenerlo todo, adorada, me desgarra. Sólo tu río de palabras calma mi sed.
Habla.
Habla siempre,
cántame,
rómpeme los oídos,
que todo otro instinto que no sea abrir mis oídos a ti desaparezca
que toda otra respuesta no exista sino entre tus piernas
en la miel que corre de tu sexo
mujer mía
mía
mujer
narradora
tu saliva tu letra tu hombro
rómpeme los oídos
cántame,
campo de girasoles
cántame
háblame siempre.
Ámame.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Eso.

Mi palabra contra la tuya.
No.
No te atreves a frotarlas. Sabes perfectamente que morirás en el vicio perfecto de unirlas, reunirlas, lamerlas con saliva y pegarlas, limpiarlas, acomodarlas, despilfarrarlas, asumirlas sucias luego y gozarlas ahora, después y aún más tarde, jugar a saciarlas con las yemas de tus dedos para finalmente caer en una espalda.
O en unos pechos.
O sobre ti mismo.
O sobre otra.

jueves, 24 de octubre de 2013

Brynhildr

Antes que todo, el silencio. 
Es similar al espacio que existe entre una palabra y otra, sabes? 
Son aquellos momentos sagrados en que aún las fuerzas se mantienen potenciales, pero vienen, con la velocidad y la aceleración necesarias para generar un caos virtuoso o desastroso, siempre dependiendo del ojo o de la oquedad que hemos hecho en el muro que nos separa del conocimiento absoluto.

Hoy la palabra se parte, me abre, me come, lame sus dedos con delicia voraz pues sabe que me encuentro en el instante previo al estallido. 
Las armas estallan; los brotes de un árbol en primavera, también.
¿Qué nos mueve de un lugar a otro del péndulo?

Si me observaras desde un espejo, verías que parezco Brynhildr cercada por las llamas.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Spleen.

Podría irme en un orgasmo de ira, pero sólo queda el tedio.



Y sombra en los ojos.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Herida de muerte

Estoy muriendo
del mundo
de la gente
de los autos
de esta casa que no es casa
de la maldita conciencia
del sueño y la vigilia
de pares binarios como ése y otros

anabolismo y catabolismo
caduceo y ouroboro
           malditos todos
porque aunque quisiera gritar mis garganta no sabe
 ni quiere saber cómo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Charco

Eslamemoria
Eslaentrepierna
Eslamadre
Eslasangre
Eseluniverso

Y una (in)cierta sensación de continuidad acuosa entre dos palabras.