domingo, 12 de noviembre de 2023

Meditación.

Asombrado de su incapacidad de manifestar, Pancracio ensayaba palabras a la par que cortaba alfalfa con la hoz oxidada.
Soy Dios que observa, pero no profiere, se dijo, pero no quedó satisfecho. 
Miró la alfalfa, atravesó su materialidad con los ojos por una indefinida cantidad de tiempo. Todos los otros sentidos humanos retrajeron sus necesarias condiciones para abrirme el paso. Cuánto tiempo tuve que esperar, cuánta sangre.
Cada centímetro de la alfalfa es tejido muerto, estado de putrefacción en proceso. 
Miró de soslayo la casa. Por el ventanuco del tercer piso, una silueta de hembra moribunda enervó su papilas gustativas.
Recordó el sabor de su saliva, el insospechado y mugiente ardor de su calzón, mientras ella yacía -convulsa- en el césped.
Acarició la alfalfa como si lamiera su vestido, mientras la amarraba, amorosamente, con una soga. 

La soledad aún no inundaba los patios ni las calles, infectas de vacío. 

A veces, mis ojos alucinados

A veces, otros bosques
          otros espejos
              otras aguas de otros ríos.
Ay, Ayün, siempre debo irme
y las voces
   las voces

el susurro de tu cuerpo
es la sombra
o la semilla que dejo
en tanto que el azar
              es
el único dios que me besa.

Mis ojos alucinados
siguen el fervor animal
de mis pies:
       mi piel arde
       un fuego azul
arrasa con todo a su paso.
Hasta que llega el silencio
submarino
de mi cuerpo

dormido entre jaguares.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Amanecer

 Ayün, hay un río que nos cruza:

El agua del río alimenta tu sustancia y la mía, que es la misma. 

Una soga, 

o quizás una dulce enredadera de copihues sale de tu ombligo y el mío.

Yo no sabía de su existencia, 

mas descubrí que tus ojos 

estaban desde antes de mis ojos, 

entonces supe 

que mi luz habitaba en tu garganta 

y, dulcísima, mudó su casa. 

Viajó por tiempos que la razón no abarca, coronó mi nacimiento, 

y allí se quedó esperando a que tú nacieras. Despertó nuevamente 

cuando descubrí tu risa, 

en el brillo amatista de tu palabra, 

en todos los farolitos de los puertos. 

Porque, ay, Ayün, 

los encendiste todos.

Y un sonido sagrado, 

cruza la silenciosa verdad de los canelos, 

y se materializa en la constante esencia

de las montañas, 

para decirnos que somos 

amanecer 

cada vez que tocamos nuestros labios.

jueves, 19 de octubre de 2023

Hilos de Ariadna

Besar cada árbol porque tu cabello 

hiedra dorada e indicio.


Ah, mi silencioardor:

el mundo tiene tu silueta

el temblor de tus dedos fríos 

                        en el tabaco

son las palabras que se quedan

en el azul umbral

de las posibilidades.

miércoles, 18 de octubre de 2023

Cinco soles

  


Uno, el de tu frente, alumbra el camino de los pájaros

El de tu garganta es latidosilencioardor

El de tu pecho aurora de orquídeas silvestres

El de tu vientre, abre mi mano, y es tibio mar.


Luego está el sol de tu boca:

Allí, alma

allí, sentido 

allí, húmeda verdad.

jueves, 12 de octubre de 2023

Eres bosque.

 En tu nombre se silencia mi palabra. 

Un mar calmo y tibio transparenta la oculta vida de los peces que viven en tus ojos.

Y solo puedo observarte, niño sagrado, como el silencio contempla los frescos bosques de Temucuicui.

sábado, 22 de julio de 2023

I’m gonna love you, like nobodies love you, come rain or come shine.


Escucho un piano jazzeado y pienso cómo pude llegar al punto en que el invierno me detenga.
¿Será el invierno, Tamara? ¿Será el infierno de la vejez ardiendo en las canas (cada vez más numerosas) que coronan tu cabeza de reina angustiada y desconocida?
¿Será el ardor del llanto, escociendo los deslindes de tu piel, de tus frívolos dolores, de tus hondísimos, oscuros, abominables dolores (y no por ello menos leves e insustanciales)?
Cuando un insecto es aplastado por cualquier objeto (animado, inanimado, vivo o muerto) su dolor es sustancialmente más relevante que el mío. Pero la muerte, como fin a toda la tragedia del ser encarnado pugnando por unir las piezas de un rompecabezas imposible, en el fondo, no es el fin del dolor como fenómeno universal.
Es, a lo sumo, el cese de un individuo.
El fin de la canción.
Esto porque la ausencia como categoría, y las ausencias como todos aquellos espacios que quedan vacíos sino vacantes, solo existe(n) en la medida que existe también un observador para acreditarlo. Quien está ausente no cuenta con la más mínima posibilidad de expresión en esa precisa sincronía de los aconteceres. El pánico, el aullido de las células, la estridente conjunción de los epitelios, todo aquello no es más que una de tantas expresiones de la condición de ser; estar detenida, por tanto, ¿no es acaso una de las múltiples manifestaciones de que -a pesar de todo, a pesar de mí- sigo viva, respirando, dejando vestigios de mi animalidad extraña, poetizante y ancestral?