La casa estaba anegada de soledad. Pancracio caminaba como un sonámbulo, o como un gigantesco pulpo malvestido, pateando muebles agonizantes por el exceso de ausencias.
Sus ojos apenas visualizaban el horizonte; la soledad era tan espesa que se hacía dificultoso proseguir, aun por los pasillos más amplios. En algunos lugares, le llegaba a ras de cuello y podía respirar un poco mejor, liberando sus pulmones del resuello fantasmal que acompañaba la inundación.
Apoyó su brazo izquierdo en el barandal de la escalera. Sentía un dolor intenso, ancestral, mitocondrial, que le iba calando las articulaciones en una ebullición de aguas rojas, como un quebrar de cuellos.
Desde el segundo piso caía soledad a borbotones, Hay que ir, se dijo a sí mismo, hay que ir. Se aferró como pudo a la madera del barandal y luchó contra la corriente, se atragantó a soledades atascadas a otras, encadenadas a un silencio insoportable, interrumpido por sus bocanadas desesperadas, hasta que sucumbió en el doceavo escalón.
Cayó.
Cayó.
Descendió violentamente al infierno del primer piso, infestado de soledades putrefactas y quedó flotando en ellas como un escombro, Margarita, dónde estás, Margarita.
domingo, 29 de enero de 2017
Cuaresma.
lunes, 16 de enero de 2017
La huida.
Ah, lobo. Cómo te entiendo ahora.
A veces, simplemente, ya no eres para el amor; en otras, se te escapa de las manos y hay que huir, todas las veces huir.
Todas las que se pueda.
Hay seres demasiado bellos, inmerecidos, y uno olisca el regalo con desconfianza, saboreando el futuro en la garganta, pero el miedo, la cola entre las piernas, el bosque sin certezas, lobo, ¿por qué duele tanto transitar? Porque duele, me susurras, duele tanto...
viernes, 16 de diciembre de 2016
De Cantos a la Muerte
I
La verdad es que nunca hay silencio.
Los labios descansan uno sobre el otro, las cuerdas vocales no vibran; pero un viento ancestral emerge de lo más profundo de las vísceras.
Exhalación.
¿Inhalación o inspiración?
El aire en ráfagas se atrapa significativamente al soplo divino de la creación.
La vida es rumor constante.
Susurro creciente.
Ojo consciente que abre puertas, música, permanente sonoridad.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Perséfone
tan descascarado mi templo,
tan lejanas
las trémulas semillas del espanto
en los ojos de los hombres.
Giro sobre mí misma como un reloj enloquecido.
Rujo sobre mí misma,
vociferan las almas que conforman mi galaxia.
crece, a pesar de mí, la vida:
Y sólo puedo morder con la brisa
el suave olor de las granadas
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Advenimiento de Margarita.
Un día llegó ella. Triste como un traje de novia hecho de papelitos amarillos, depositó una maleta en el suelo y dejó un manojo de llaves en el centro latente de su mano derecha. Parecía una escultura de sal, oprimida de adentro hacia afuera. Afuera. Afuera los árboles hacían su primavera entregados al arte salvaje del viento, pero ella concentraba toda la verdad existente en su precioso ombligo, y había un calor y un susurro, algo así como un susurro que -aún hoy- le sube quedamente por las rodillas.
(De La Liturgia de las Horas)
martes, 15 de noviembre de 2016
Pobre de ti.
El señor que aparece de espaldas
El señor que aparece de espaldas no es feliz, ha ido
varias veces a Roma pero no es feliz, ha
meado en Roma y no tiene por qué ocultarlo pero no es feliz, ha desaguado
a lo largo de Asia desde los Urales a Vladivostock pero no es feliz, en
excusados de lujo en África pero no es feliz, encima de los aviones
vía Atenas pero no es feliz, en espacios
más bien reducidos lluviosamente en Londres al lado
de su mujer hermosa pero no es feliz, en las grandes playas de
América precolombina pero no es feliz, con un diccionario etrusco
y otro en alemán desde las tumbas Ming a las pirámides
de Egipto pero no es feliz, pensando en
cómo lo hubiera hecho Cristo pero no es feliz, mirando
arder una casa en Valparaíso pero no es feliz, riendo en New York de
un rascacielo a otro pero no es feliz, girando a
todo lo espléndido y lo mísero de¡ planeta oyendo música en barcos
de Buenos Aires a Veracruz pero no es feliz, discutiendo
por dentro de su costado el origen pero no es feliz, acomodándose
no importa el frío contra la
pared aguantando todas las miradas
de las estrellas pero no es feliz
el señor que aparece de espaldas.
De Materia de testamento, 1988.
jueves, 3 de noviembre de 2016
Vísperas.
Ay, Margarita, extendiste tanto tu inocencia.
Tus ojos se abren, inmensos, sin descanso, mirando por el vidrio de la ventana y pareciera que atravesaras el mundo o que desmontaras los objetos como vulgares piezas de madera de una muñeca rota.
La cama está deshecha; miras las sábanas: Tu mente está vacía y, en ese instante, un pajarito revienta su cuerpo contra la ventana.
Te ríes, te veo, Margara, te ries sin trazas de culpa que retengan tu risa.
Tu inocencia equivale a la amoralidad de los dioses, pero eso no lo sabrás nunca, Margara, nunca, sumergida en el terrible pantano de tus horas muertas.
(De La liturgia de las Horas)