Como un intérprete griego con la peor máscara de todas en el rostro. Desde allí escribo, queridos.
La tristeza me ha empantanado los ojos, sólo veo figuras empañadas
y los árboles me proveen de tinieblas
las calles
el metro
las caras
me proveen de tinieblas
y quisiera que existiera un dios a quien acudir, cómo quisiera que existiera una pléyade de sabios,
que la prudencia fuera más que una mera palabra.
Desde el fondo de un anfiteatro debo seguir con el monólogo,
después el diálogo, y no me acuerdo
de la línea que sigue.
En medio de la obra mía, que se entrecruza con otras múltiples obras y anfiteatros,
miro hacia el público, busco algún ojo conocido desesperadamente,
pero todos son ojos replicados, fotocopiados a la velocidad de la máquina.
Dónde estás, amigo, necesito saber que no te has ido
antes de que el telón caiga sobre mí.
martes, 12 de octubre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
Tránsito
Meditaba en un momento de tranquilidad (momento cada vez más escaso en estos días) respecto de todos los artistas que han muerto cerca de los 30 años (Alfred Jarry, por ejemplo). Una vez oí decir que si no se cambiaba el curso de la poesía antes de los 30, ya no tenías nada qué decir al respecto.
Siguiendo esa línea, creo que mi anhelo obseso por morir tenía relación con eso de dejar inconclusa una acción para arrojarla eternamente en el espacio del tránsito. No iba a cambiar nada, mis ideas no eran más que mosaicos postmodernos de lo que queda luego de leer extensamente durante 28 años, ante eso, qué más bello que dejar al ave congelada en pleno despegue de sus pies hacia el cielo, las alas arqueadas esperando el viento y la mirada fija en un horizonte que queda suspendido y lejano. Para mí la muerte no era más que la única acción de arte que me quedaba, lo único que quemaría el cuerpo y las manos, el único salto hacia la purificación (aparente).
La Hilandera mantuvo firme el pulso, las tijeras guardadas, el cordón de plata no se corta en esta ocasión en base a decisiones humanas.
A veces me cuestiono seriamente la existencia del libre albedrío.
Siguiendo esa línea, creo que mi anhelo obseso por morir tenía relación con eso de dejar inconclusa una acción para arrojarla eternamente en el espacio del tránsito. No iba a cambiar nada, mis ideas no eran más que mosaicos postmodernos de lo que queda luego de leer extensamente durante 28 años, ante eso, qué más bello que dejar al ave congelada en pleno despegue de sus pies hacia el cielo, las alas arqueadas esperando el viento y la mirada fija en un horizonte que queda suspendido y lejano. Para mí la muerte no era más que la única acción de arte que me quedaba, lo único que quemaría el cuerpo y las manos, el único salto hacia la purificación (aparente).
La Hilandera mantuvo firme el pulso, las tijeras guardadas, el cordón de plata no se corta en esta ocasión en base a decisiones humanas.
A veces me cuestiono seriamente la existencia del libre albedrío.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Al borde.
Ya casi en mis 29 años, la edad me pesa. Diez años antes no me habría figurado la forma en que los acontecimientos de mi vida se han amarrado. Nudo tras nudo, con mucha dificultad, se ha hilado una trama tan poco convencional que de pronto me perturba en exceso.
Cuando niña, me sentía vieja, ahora me siento envejecida. Las sutilezas florecen a mi alrededor y miro cada una con la ausencia de los ojos de un anciano. La sabiduría no ha llegado, y el conocimiento que he adquirido me pesa.
Cuando niña, me sentía vieja, ahora me siento envejecida. Las sutilezas florecen a mi alrededor y miro cada una con la ausencia de los ojos de un anciano. La sabiduría no ha llegado, y el conocimiento que he adquirido me pesa.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Antes, después...(J. Cortázar)
Antes, después...
Como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio
aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente...
Como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio
aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente...
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Máscara
En honor a Dionisos, los convulsos fieles caracterizaban la vida y la muerte, representado en el oriente y el occidente (el viaje del sol), con la danza y la máscara.
Una máscara sobre la otra, la que tenemos puesta hasta que nuestro ciclo llegue al final, nuestros párpados jueguen de horizonte fatal para nuestras acciones en este plano. En esa máscara es que vemos vagamente las máscaras de nuestros ancestros, el paso del inexorable fenómeno que llamamos tiempo, el surco toma posesión de los vastos terrenos de la piel. Esta máscara no es eterna, y nada es eterno, obviamente.
La segunda máscara podría construirse en toda su materialidad o ser alegórica, ambas no dejan de ser reales. La superposición de ojos sobre ojos, sobre lenguas, sobre orificios, pelos, rabias, sudor, lágrima, pensamiento... la superposición tal vez sí es eterna, y esto, esto que acabo de decir, no es tan obvio, verdad?
Una máscara sobre la otra, la que tenemos puesta hasta que nuestro ciclo llegue al final, nuestros párpados jueguen de horizonte fatal para nuestras acciones en este plano. En esa máscara es que vemos vagamente las máscaras de nuestros ancestros, el paso del inexorable fenómeno que llamamos tiempo, el surco toma posesión de los vastos terrenos de la piel. Esta máscara no es eterna, y nada es eterno, obviamente.
La segunda máscara podría construirse en toda su materialidad o ser alegórica, ambas no dejan de ser reales. La superposición de ojos sobre ojos, sobre lenguas, sobre orificios, pelos, rabias, sudor, lágrima, pensamiento... la superposición tal vez sí es eterna, y esto, esto que acabo de decir, no es tan obvio, verdad?
domingo, 29 de agosto de 2010
Madrugada
Es de madrugada, hace más o menos una hora que perdí lo que me quedaba de intelecto. Y pienso, no voy a mandar a toda la humanidad a freír huevos... Me figuro que nadie tiene la culpa de estos pasajes tan aburridos de la pequeña narración de mi existencia. A nadie le interesará que a esta pobre mortal le duelen los ojos, y las manos están hinchadas de tanto teclear en el pc, y que a esta hora se me hacen los objetos extraños, y que la fonética acústica es para hincharle las gónadas a cualquiera...En fin, queriendo desmitificar mi propia imagen, trato de hablar sencillo, de no tropezarme con mi letra arisca, ni tener que trepar por las frases malogradas.
A esta hora de la madrugada, sólo quisiera dormir con la conciencia tranquila.
A esta hora de la madrugada, sólo quisiera dormir con la conciencia tranquila.
jueves, 19 de agosto de 2010
Historias personales...
La historia como ciencia de registro idealmente formal (y objetivo) de aquello que ha acontecido, que intenta dar una continuidad y un sentido a las acciones humanas...La historia en mí (y en algunos como Donoso) se reinventa desde las manos.
Y es que se puede jugar a los dados con la existencia y no vivir la omnipotencia de los dioses (necesariamente). Porque lo lúdico como todo aquello que puede ser, como la conciencia del azar, de la posibilidad cuántica concentrada en la multiplicidad de las letras abre las puertas de la disgregación y de la espora. De tal forma, la historia se desviste y aparece Friné -el relato desnudo-.
Se turba la gallada, enceguece el striptease a los espectadores borrachos de realidad.
Sólo entonces, la línea cronológica de los eventos que se conjugan para que se conciba un fenómeno determinado se corta, se cruza por microeventos y protoeventos, por la vivencia pequeña. Puedo ver a la perfección las pequeñas cabriolas inconscientes desde la arruga en la servilleta a una conversación manchada de café teniendo a Bajtin en la boca.
Sí, las realidades se penetran y la otredad pareciera ser un juego de entrar y salir de la sexual oquedad de la memoria íntima.
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