viernes, 26 de noviembre de 2021

Saudade

 Extraño, a veces, a quien fui alguna vez. Tanta inteligencia y frivolidad, tanta posibilidad existente entre las piernas, tanto afecto disponible para sembrar entre el ombligo y el pubis.

Podría haber muerto intoxicada, ebria de emociones tan poco profundas como un charquito de sudor. No tenía cedazo alguno: aceptaba todo lo que venía como dado por el oráculo de Delfos, sin cuestionar en modo alguno la revisitación absurda y postmoderna, sin cuestionar la ausencia de pitonisa, sin creer en otros rituales que los que lograba tejer en mi burda cabecita. Hubiera preferido morir antes que vivir de otra manera, vale decir, como estoy viviendo ahora. No habría soportado a la cuarentona tolerante y socialmente fóbica que me depararía el futuro, ni siquiera por cuestiones políticas. 


Simplemente era imposible soportar a alguien tan poco consecuente, tan ausente de su propia violencia, tan irrespetuosa de la poesía del instante... tan, tan como soy ahora.


domingo, 27 de junio de 2021

Invierno



Siempre quien he amado se va, no puede amar recíprocamente a nadie, o simplemente está tan roto que no puede unirse a mi barroco discurso interior, igualmente roto, pero con ansias tremendas de unidad y simpleza. 


Sería capaz de todo por una mirada real mientras M. me penetra. 


No puedo mirarlo, él lo intenta a veces y siento como si hubiera un muro de tablas a medio roer, o una extraña reja de vidrios mal cortados. Entonces puedo verlo, pero no del todo, siento en lo más profundo de mi memoria su olor, la suavidad tisular que existe entre su pezón izquierdo y el cuello, pero no puedo saber qué hay detrás de eso. Desconozco si quiere mirar más allá de esas vallas, temo ante cualquiera de las opciones disponibles. Si quiere mirar más allá y encontrarme, surge el temor a estar expuesta, a que dañe a la pequeña y dolorosa que soy, a ser menos de lo imaginado y más de lo desechable. Si no quiere mirar, sin embargo, si nunca ha querido mirarme y todo ha sido un gran y delirante discurso de mi pobre mente, amanece en mi garganta el miedo al absoluto desamor, la claridad del pesimismo residente en mis más oscuras ciudades. 

Solo tengo estas certezas:

Estoy perdida en un corredor. 

El deseo es multiplicidad de umbrales entre mi  pregunta y tu boca.

Nunca ha habido más luz, más belleza, que en este dolor.

martes, 8 de junio de 2021

Viejas prácticas

 Me desmorono como una enorme montaña de gramíneas en el viento. 

Sin base ni raíces, huyo por encima de los cuchillos que atacan constantemente esta, que es una de las tantas líneas de pensamiento que viajan en mi interior. Son más que carreteras, son ríos, salvajes ríos en constante furia, se despedazan entre sí y entre los despojos se forma nuevas líneas, cada vez más feroces.

 Entre que vivo esta especie de muerte a pulso, algo se me va. Algo azul, como un aroma o un vapor, a pesar de ello y la angustia persistente de no saber qué se me va, hago todo lo posible por volver a edificar los pocos muebles que quedan en mi casa. Cada mueble es otra casa, otra caja, otro animal indefinible, otro ser oculto en mis oscuridades más estridentes.

jueves, 1 de abril de 2021

Vómito.

 Escribo con la convicción de que nada nuevo pasará entre este sol y los demás que vienen, secretamente sumergidos, en la materialidad de la estrella que nos rige.

Nada nuevo pasará. Estas letras no son nuevas. Las he escrito innumerables veces, e innumerables veces serán arrojadas al plano del vacío; puesto que -y tampoco es nada nuevo- olvido todo. Cada vez olvido más, entonces, necesariamente, vuelvo sobre los mismos temas, sobre las mismas obsesiones que han colmado mi vida de retazos extraños, que mutan entre el desolador panorama del rechazo a las precarias hojas de la autocompasión.

Alguien desconocido me pedía textos. No pretendo exponer mis vísceras, sin embargo, la petición provocó que revolviera el gallinero de mis letras pretéritas: Noté exceso de palabras. Exceso de emoción aflorando por todos los poros posibles. Incluso en los poros que probabilísticamente son imposibles afloraban emociones tan contradictorias y extrañas como las que escribiré -quizás- hoy o en un par de años más. Las posibilidades ante el olvido son infinitas, y nadie puede entender que escriba con esta velocidad en los dedos, con la certeza absoluta de mi propio desencanto. Puedo escribir los versos más absurdos esta noche, escribir por ejemplo, que los ojos duelen con la luz más que con la ausencia. Pero lo previamente dicho dudo que sea un verso, suena más a una hipótesis. Y el problema con las hipótesis es que pueden ser perfectamente desmentidas; la poesía, madre de todas las mentiras del mundo, jamás. Quien lee, comprende la verdad absoluta de la mentira. Esto tampoco es algo nuevo, hasta cierto punto Vargas Llosa lo menciona argumentando sobre la narrativa y la literatura, retomando un tópico cuasi eterno desde que se alzó el pensamiento occidental con la categoría de la verosimilitud (y toda la verga de la mímesis).

Ahora me viene el deseo de no acabar la idea que he oliscado entre las neuronas y el masaje de las glías. Ojalá pudiera, como lo he hecho en otros momentos, arrojarme al vacío y estrellar mi cuerpo contra todo objeto estético posible, ojalá masculino, ojalá disgregado, ojalá con miles de cuchillos en las pupilas, para así reventarme en la realidad de una cama desconocida. Soy/estoy adicta a olvidar. El sexo ayuda, por sobre todo en los 15 minutos posteriores al orgasmo. El problema se suscita en el minuto 16. Y actualmente el minuto 16 se prolonga demasiado tiempo, cada vez necesito más vacío, más tránsito...no puedo parar (lo que, claramente, no es algo nuevo).