lunes, 28 de marzo de 2016

Venus de Willendorf

La libertad es cosa deseada, pero a la vez mal vista- dijo la Perla, desde el inquebrantable podio de verduras que engarzaba el mesón de la cocina.- Nos pasamos la vida conteniendo lo incontenible, pásame esas papas, las estás pelando mal, pues mijita...bueno, y después nos pasamos el otro resto de la vida intentando hacer lo contrario. A veces es al revés, porque...
Margarita -absorta- miraba el cuchillo entre los dedos gordezuelos de la cocinera, que mientras hablaba se iba transmutando en una grotesca y sabia Venus de Willendorf: De la boca comenzaron a salirle ideas gruesas, ideas roncas, serpenteantes ideas neolíticas, largas, centelleantes ideas como piernas de jirafa ardiente, pulposas, empalagosas, su boca era la caverna de Lascaux expulsando el arrullo de los ancestros enquistados en la suave letanía de sus cuerdas vocales.
Sangre.
Margarita hace un nudo en el dedo de la vieja con un pedazo de cordel que amarraba las cebollas; el mundo retoma su orden natural.
El dolor (la libertad de la sangre) es una criatura bella y comprensible.
(De La liturgia de las Horas)

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